EL DEBATE: Pobreza, riqueza, educación, cultura, ambiente y libertad: un enfoque ecosistémico para los problemas contemporáneos

 

Por André Francisco Pilon

Universidad de San Pablo, Brasil. International Academy of Science, Health & Ecology.

 

La misión del Banco Mundial está esculpida en piedra en su sede de Washington: “Nuestro Sueño es un Mundo sin Pobreza”. Pero, ¿qué es la pobreza? ¿Es un fenómeno que puede observarse y estudiarse sin cuestionar los paradigmas de desarrollo, crecimiento, poder, riqueza, trabajo y libertad insertos en las actuales instituciones culturales, sociales, políticas y económicas? ¿La pobreza es un síndrome o un fenómeno aparte, un conjunto de fenómenos aislados? 

 

Como síndrome, la pobreza refleja presiones y tensiones causadas por el impacto político, económico, social, cultural y ambiental de sistemas desordenados de producción y consumo que amplían el foso entre aquellos que tienen el exceso y aquellos que no tienen lo esencial, frente a la complicidad entre los gobiernos y negocios responsables de una urbanización caótica, conflictos bélicos que llevan a emigraciones forzadas y la concentración de poblaciones en lugares de riesgo.

 

En nuestras “sociedades asimétricas”, las grandes diferencias de poder entre personas físicas y personas jurídicas (individuos y corporaciones) resultan en una influencia sustancial de la esfera de los negocios en las políticas públicas y en los asuntos de Estado, que esencialmente fabrica las leyes que legitiman sus intereses y acciones, reforzando su control sobre las agencias reguladoras que deberían actuar en favor del interés público. Las instituciones sucumben a los intereses políticos y económicos dominantes, convirtiendo a la población en meros consumidores y pagadores de impuestos, apropiándose de sus pensamientos y cuerpos como mercaderías, mientras que las poderosas corporaciones y las personas influyentes usan la propaganda, el lobby y la corrupción para aumentar sus ganancias y controlar la opinión pública sobre productos, servicios y estilos de vida.

 

El énfasis en los derechos humanos, aislado de una acción integral, corre el riesgo de los demás abordajes sectoriales; la “inclusión social”, que acomoda a las personas al orden establecido y no las prepara para cambiar el sistema que las excluyó, lleva a la reproducción de las condiciones responsables de su exclusión anterior: una vez “incluidos”, una nueva ola de productores y consumidores egocéntricos reproduce las disparidades existentes. Mientras las personas comunes son distraídas por espectáculos masivos, enormes fortunas florecen de la noche a la mañana en manos de hábiles entrepreneurs, que impulsan mega eventos llamados “deportivos” y de “entretenimiento” mientras cierran sus manos cuando se trata de recursos destinados a mejorar las condiciones de salud, educación, cultura y medio ambiente, cada vez más precarias en varias partes del mundo.

 

Tratar de resolver problemas aislados y localizados es un error conceptual: en lugar de lidiar con las “burbujas” (políticas públicas segmentadas, titulares de los medios de comunicación masiva, formatos académicos reducidos), un enfoque ecosistémico definiría los problemas en el interior de la “caldera efervescente” de donde emergen en términos de estructuras, paradigmas tecno-económicos, grupos de sustentación y reglas de legitimación. La extensión de la pobreza refleja las maniobras y coaliciones de los grupos políticos y económicos dominantes que legitiman mega-proyectos millonarios y tecnologías sofisticadas y costosas para erigir obras suntuosas, sin tener en cuenta la integridad, resiliencia y estética de los ambientes naturales y culturales, el bienestar físico, social y mental y el equilibrio entre las diferentes dimensiones de estar en el mundo.

 

Para lidiar con el “fenómeno general”, las políticas públicas y los programas de enseñanza e investigación deben considerar las cuatro dimensiones de “estar en el mundo” (íntima, interactiva, social y biofísica), en la medida en que éstas se entrelazan como donadoras y receptoras (provisiones y carencias) en la generación de eventos (favorables o desfavorables), y contribuyen o no al cambio (deseado o indeseado).

 

La preparación de las personas para asumir posiciones en la sociedad, sea como profesionales o como ciudadanos, no puede reducirse a acciones ritualísticas como votar o pagar impuestos, ni incentivar una lealtad acrítica al “mercado de consumo”, transformando las escuelas de centros de investigación crítica en centros técnicos para “emprendedores” ajenos a las cuestiones cruciales del mundo de hoy. La educación no puede ser pensada independientemente de los paradigmas de riqueza, poder, crecimiento y libertad; no prospera en un contexto de disparidades, fragmentación social y debilitamiento de los valores que orientan la existencia: la generación de capacidades y el desarrollo de motivaciones dependen de las instituciones y de estructuras de incentivo, que son más críticas que los motivos y la moral de individuos aislados.

 

En los nichos socioculturales de enseñanza y aprendizaje, nuevas formas de identidad individual y colectiva podrían cuestionar el significado de las tecnologías, teniendo en vista las cosas que las personas necesitan –como educación, cultura, vivienda, alimentación, ropa, seguridad, salud– y no lo que no les hace falta, como bienes inútiles y costosos, productos de lujo, gadgets, armas, contaminación y criminalidad.

 

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DEBATE: Pobreza, Riqueza, Educação, Cultura, Ambiente e Liberdade: uma Abordagem Ecossistêmica para os Problemas Contemporâneos

 

André Francisco Pilon

Universidade de São Paulo, Brasil. International Academy of Science, Health & Ecology.

 

A missão do Banco Mundial está esculpida em pedra na sua sede de Washington: "Nosso Sonho é um Mundo Livre de Pobreza". Mas o que é a pobreza? É um fenômeno que pode ser observado e estudado sem questionar os paradigmas de desenvolvimento, crescimento, poder, riqueza, trabalho e liberdade inseridos nas atuais instituições culturais, sociais, políticas e econômicas? Pobreza é uma síndrome, ou um fenômeno à parte, um conjunto de fenômenos isolados?

 

Como síndrome, a pobreza reflete pressões e tensões devidas ao impacto político, econômico, social, cultural e ambiental de sistemas desordenados de produção e consumo, que ampliam o fosso entre aqueles que têm o excesso e aqueles que não têm o essencial, em meio ao conluio entre governos e negócios, responsáveis por uma urbanização caótica, por conflitos bélicos, que levam a emigrações forçadas, a concentração de populações em locais de risco.

 

Em nossas "sociedades assimétricas", grandes diferenças de poder entre pessoas fisicas e pessoas jurídicas (indivíduos e corporações), resultam em uma influência substancial da esfera de negócios nas políticas públicas e nos assuntos do Estado, que, essencialmente, fabricam as leis que legitimam seus interesses e ações, reforçando seu controle sobre as agências reguladoras que deveriam atuar em prol do interesse público.

 

As instituições sucumbem aos interesses políticos e econômicos dominantes, convertendo a população em meros consumidores e pagadores de impostos, apropriando seus pensamentos e corpos como mercadorias, enquanto poderosas corporações e pessoas influentes usam a propaganda, os “lobbies” e a corrupção para aumentar seus lucros e controlar a opinião pública sobre produtos, serviços e estilos de vida.

 

A ênfase aos direitos humanos, isolada de uma ação política integrada, corre o risco das demais abordagens setoriais; a "inclusão social", que acomoda as pessoas à ordem estabelecida e não as prepara para mudar o sistema que as excluiu, leva à reprodução das condições responsáveis pela sua exclusão anterior: uma vez "incluídos", uma nova onda de produtores e consumidores egocêntricos reproduz as disparidades existentes.

 

Enquanto as pessoas comuns são distraídas por espetáculos de massa, enormes fortunas florescem da noite para o dia nas mãos de espertos entrepreneurs, que promovem mega eventos ditos “esportivos” e de “entretenimento”, enquanto fecham suas mãos quando se trata de recursos destinados à melhoria das condições de saúde, educação, cultura e meio ambiente, cada vez mais precárias em várias partes do mundo.

 

Tratar de resolver problemas isolados e localizados é um erro conceitual: ao invés de lidar com as "bolhas" (políticas públicas segmentadas, manchetes dos veículos de massa, formatos acadêmicos reduzidos), uma abordagem ecossistêmica definiria os problemas no bojo do “caldeirão efervescente", onde eles emergem, em termos de estruturas, paradigmas tecno-econômicos, grupos de sustentação e regras de legitimação.

 

A extensão da pobreza reflete as manobras e coalizões dos grupos políticos e econômicos dominantes, que legitimam mega projetos milionários e tecnologias sofisticadas e dispendiosas para erguer obras suntuosas, desconsiderando a integridade, resiliência e estética dos ambientes naturais e culturais, o bem estar físico, social e mental e o equilíbrio entre as diferentes dimensões de estar no mundo.

 

Para lidar com o "fenômeno geral", as políticas públicas, os programas de ensino e pesquisa, devem considerar as quatro dimensões de estar-no-mundo (íntima, interativa, social e biofísica), na medida em que se entrelaçam, como doadoras e receptoras (provisões e carências), na geração dos eventos (favoráveis ou desfavoráveis), e contribuem ou não para a mudança (desejadas ou indesejadas).

 

O preparo das pessoas para assumir posições na sociedade, tanto como profissionais como cidadãos, não pode ser reduzido a ações ritualísticas, como votar ou pagar impostos, nem incentivar uma lealdade acrítica ao "mercado de consumo", transformando escolas, de centros de investigação crítica, em centros técnicos para “empreendedores” alheios às questões cruciais do mundo de hoje (éticas, ambientais, etc).

 

A educação não pode ser pensada separadamente dos paradigmas de riqueza, poder, crescimento e liberdade, ela não prospera num contexto de disparidades, fragmentação social e enfraquecimento dos valores que orientam a existência: geração de capacidades e desenvolvimento de motivações dependem de instituições e estruturas de incentivo, que são mais críticas do que os motivos e a moral de indivíduos isolados.

 

Nos nichos sócio-culturais de ensino e aprendizagem, novas formas de identidade individual e coletiva poderiam questionar o significado das tecnologias, tendo em vista as coisas que as pessoas necessitam – como educação, cultura, moradia, alimentação, vestuário, segurança, saúde – e não o que não lhes fazem falta, como bens inúteis e dispendiosos, produtos de luxo, gadgets, armamentos, poluição, e criminalidade.

 

 

Publicado el 16 de mayo de 2017 / Postado em 16 maio, 2017