EL DEBATE: ¿Las TIC reducen la distancia entre las empresas?

 

Por María Verónica Alderete

Secretaría de Investigación, Universidad Empresarial Siglo 21, Córdoba, Argentina.

 

La globalización impulsada por el uso de las nuevas TIC ha marcado para muchos autores el fin de la geografía y de las distancias (O’Brien, 1992; Reich, 2001; Friedman, 2006). De acuerdo a este último autor, la revolución de las TIC sumado a la desregulación de los mercados y la integración económica ha contribuido a la compresión en tiempo y espacio de los procesos económicos, provocando como resultado la ausencia de distancias en las relaciones económicas.

 

Por otro lado, un amplio grupo opina lo contrario, que la globalización no hace más que acentuar la unicidad o exclusividad de los agentes. De hecho, el acceso a las TIC si bien es creciente en muchos países, muestra características de desigualdad al estar concentrado y sesgado hacia determinadas economías, mientras otras de países menos desarrollados no tienen siquiera acceso a una PC fija.

 

El rol económico fundamental de las TIC se vuelve claro si uno piensa a las organizaciones, y en particular a las empresas y a los mercados como procesadores de información. “La mayoría de nuestras instituciones económicas emergieron en un era de relativamente altos costos de comunicación y limitada capacidad computacional. La tecnología de la información tiene el inmenso poder de reducir los costos de coordinación, comunicación y procesamiento de información. Ante esto, no es sorprendente que la reducción masiva en los costos de computación y comunicación haya generado una reestructuración sustancial de la economía.” (Brynjolfsson and Hitt, 2000).

 

Las PyMEs son las principales fuentes de creación de empleo. De acuerdo con la Cumbre de las Américas 2012 desarrollada en Cartagena de Indias, las PyMes representan el 60% del empleo en América Latina pero sólo el 25% del PBI. Por lo tanto, para alcanzar la convergencia productiva necesitamos cerrar las brechas de productividad, innovación, inversión e infraestructura.

 

En América Latina, el uso de Internet por parte de las empresas ha crecido en los últimos años. El uso de las TIC a nivel empresarial es una de las variables donde la región de Latinoamérica se encuentra más rezagada comparada a los países desarrollados. Incluso en países de la región donde el uso de las TIC es destacable, existen marcadas diferencias entre las empresas según el tamaño.

 

Aun suponiendo que todos los países tuvieran las mismas posibilidades para acceder a la tecnología, un adecuado uso de las mismas sobrepasa el mero acceso, sino que implica disponer de ciertas competencias.

 

A la fecha, aún no se ha podido converger a un acuerdo entre los países respecto a la medición de cómo repercuten las TIC en las empresas. En un principio, el estudio de las TIC a nivel empresarial se remitía a analizar los casos de empresas con computadoras, acceso a internet, ancho de banda, presencia web y motivos por los cuales las empresas usan Internet, y algunos estudios incluían el e-commerce. Recientemente, el foco de análisis se ha impuesto en el e-business con el objetivo de comprender el impacto en la productividad y competitividad de las firmas.

 

Uno de los argumentos a favor de la disminución de la distancias entre empresas o reducción de la brecha digital sería que el acceso a las nuevas tecnologías brinda a las PyMEs un potencial operativo que antes sólo lo tenían las empresas grandes. Las empresas grandes se crearon para aligerar la carga de los costes de transacción (Coase, 1937) al desempeñar el máximo número de funciones dentro de la propia empresa. Las TIC, al disminuir los costos de coordinación permitirían el funcionamiento de las empresas PyMEs.

 

Sin embargo, pese a que la inserción de la informática a la empresa es cada vez mayor, su valor en el desarrollo de las actividades productivas ya no depende de las capacidades computacionales sino más bien de la habilidad de los gerentes en vincularla a la invención de nuevos procesos, procedimientos y estructuras de organización. Es decir, la empresa deberá invertir en activos complementarios, tales como capacitación al personal, innovaciones organizacionales, entre otros (Brynjolfsson and Hitt, 1996; 2002; Bresnahan et al, 2002; Giuri et al, 2006).

 

El motivo por el cual las PyMEs enfrentan una brecha digital, no se debe tanto a la falta de acceso a las tecnologías de la información sino a la falta de un conocimiento adecuado, educación y capacitación de los empleados. Como afirman Chen and Wellman (2003) no existe una brecha digital, sino que existen varias brechas digitales. Por lo tanto, es más apropiado usar el concepto en plural-brechas digitales- porque la brecha digital es multifacética entre y dentro de las empresas.

 

Sin embargo, el desarrollo de estas competencias complementarias al uso de las TIC implica para la empresa incurrir en costos de transacción (Williamson, 1987). Es decir, la empresa para aprovechar eficientemente las TIC deberá invertir en ciertos activos específicos a las mismas, lo que aumentará sus costos de transacción.

 

Por lo tanto, para las PyMEs el uso de las TIC puede significar tanto una reducción en los costos de transacción (éstos involucran costos de negociación, de búsqueda de información, selección, contratación, gestión, etc) como un incremento en los mismos (derivado de la inversión en activos complementarios). Un análisis racional para la implementación de las TIC requeriría estimar cual es el efecto neto de ambos movimientos.

 

La noción de conectividad tendría que expandirse para incluir también activos complementarios (software) y habilidades incorporadas en las personas, los gobiernos y los empresarios, que determine justamente cuán productivamente son empleados el hardware y la infraestructura de TIC. Waverman and Dasgupta (2009) definen “conectividad” en un sentido amplio para abarcar más allá de la infraestructura y el hardware.

 

Si bien este análisis no solamente incumbe a las PyMEs, sino también atañe a las empresas grandes, es en el estrato de las pequeñas y medianas donde el efecto neto tendrá mayor incidencia debido a las diferencias de escala.

 

¿Qué rol cumple el Estado como intermediario para promover el uso de las TIC en las empresas? ¿Debe el Estado generar incentivos para promover el uso de las TIC? ¿Debe incentivar a todas las empresas PyMEs por igual? ¿Cambia la recomendación de política desde una perspectiva de cadenas de valor? Si el Estado decide promover el uso de las TIC en las PyMEs deberá tener en cuenta que no basta con promover el financiamiento para el acceso, sino que debe ser acompañado por un asesoramiento a medida. Incluso, puede no ser deseable que PyMEs de ciertos sectores de actividad introduzcan las TIC donde los costos de transacción inherentes a su actividad superen los beneficios que las nuevas TIC puedan derivar. ¿Qué sucede si los beneficios para la cadena de valor en la cual están insertas las PyMEs superan los costos de la empresa individual?

 

Habría que pensar si las PyMEs de los países donde el uso de la banda móvil se encuentra muy difundido (países en desarrollo debido a la imposibilidad de acceso a las tecnologías de banda ancha fija) enfrentan menores costos de transacción que las PyMEs de países con infraestructura de banda ancha fija. En áfrica, por ejemplo, la penetración de la telefonía móvil se ha más que duplicado en la última década y su impacto es especialmente drástico al sustituir la escasez de conexiones fijas, reducir los costos de transacción, incrementar la movilidad, ampliar las redes comerciales, entre otras.

 

 


Referencias bibliográficas

  

Brynjolfsson, E. y Hitt, L. (1996): "Paradox lost? Firm-level evidence on the returns to information systems spending", Management Science, vol. 42, pp. 541–558.

 

Brynjolfsson E. y Hitt L. (2003): "Computing Productivity: Firm-Level Evidence", Review of Economics and Statistics, vol. 85, pp. 793-808.

 

Brynjolfsson, E. y Hitt, L. M. (2000): "Beyond Computation: Information Technology, organizational Transformation and Business Performance", Journal of Economic Perspectives, vol. 14, pp. 23-48.

 

Bresnahan, T. F., Brynjolfsson, E. y L. M. Hitt (2002) "Information technology, workplace organization, and the demand for skilled labor: firm-level evidence", The Quarterly Journal of Economics, vol. 117, pp. 339-376.

 

Chen, W. y Wellman, B. (2003): "Charting digital divides: comparing socioeconomic, gender, life stage, and rural-urban internet access and use in eight countries", Centre for Urban and Community Studies, Universidad de Toronto.

 

Coase, R. (1937): "The nature of the firm", Económica, vol. 4, N°16, pp. 386-405.

 

Friedman, T. (2006): The World is Flat, Londres, Penguin Books.

 

Giuri, P., Torrisi, S. y Zinovyeva, N. (2008): "ICT, skills, and organizational change: evidence from Italian manufacturing firms", Industrial and Corporate change, vol. 17, pp. 29-64.

 

O’Brien, R. (1992): Global Financial Integration: The End of Geography, Londres, Pinter.

 

Reich, R. (2001): The Future of Success: Work and Life in the New Economy, Londres, William Heinemann.

 

Waverman, L. y Dasgupta, K- (2009): Connectivity Scorecard 2009. Disponible en: http://www.connectivityscorecard.org/ima¬ges/uploads/media/TheConnectivityReport2009.pdf.

 

Williamson, 0. (1981): "The Economics of Organization: The Transaction Cost Approach", American Journal of Sociology, vol. 87, n° 3, pp. 548-577.

 

 

Publicado el 9 de octubre de 2012