EL DEBATE: Capital social y efectividad de políticas tecnológicas en América Latina

 

Por Tatiana Láscaris Comneno

Universidad Nacional de Costa Rica.

 

La prioridad creciente que se brinda al tema de la ciencia y la tecnología es función de su naturaleza potenciadora del desarrollo humano. Eso ocurre no sólo por la impresionante contribución del conocimiento al aumento de la productividad económica, sino por sus aportes potenciales, igualmente significativos, a la cohesión social y al acceso a las oportunidades. De todos los factores posibles, la aplicación de tecnología es hoy el más determinante de la productividad que puede alcanzar una fuerza laboral. Avanzar hacia una economía basada en la producción de bienes y servicios intensivos en conocimiento resulta del accionar flexible de un sistema transversal a todos los ámbitos de la sociedad, catalizador de iniciativas, con sinergia y dinámica propias. Concretar estas interacciones y sinergias requiere necesariamente inscribir este accionar en una sociedad que presente elevados niveles de estructura y cohesión, cuyo capital social ofrezca las capacidades de organización, coordinación e integración social requeridas.

 

La reciente crisis económica evidenció el largo camino recorrido por Latinoamérica en su saneamiento y fortalecimiento macroeconómico, coinciden los expertos. Pero también hay consenso en que todo el progreso de la región constituye una buena base, no una construcción terminada. El problema del atraso de Latinoamérica y sus posibles causas es tema de permanente debate y análisis en foros diversos. A pesar de un potencial económico que en las décadas de 1950 y 1960 sustentaba pronósticos de gran envergadura, Latinoamérica ahondó sus emblemáticas contradicciones entre las potencialidades del desarrollo y sus asimetrías socioeconómicas. Siendo un continente con un potencial económico inmenso, la desigualdad social golpea al 40% de los latinoamericanos con la pobreza. ¿Por qué un continente tan rico no ha logrado superar esta desigualdad social y hacerle más digna la vida a su población? Entre las condiciones varias que convergen hacia esta situación se identifican factores que inciden en la efectividad de la ciencia y la tecnología como motores de la dinámica de desarrollo de la región.

 

A este respecto, se presenta la siguiente hipótesis: En América Latina hay algunos factores que atentan contra la integridad del capital social requerido para alcanzar un desarrollo competitivo basado en nuestros propios recursos, minando la legitimación y puesta en práctica de políticas públicas, en particular las que vinculan desarrollo tecnológico con desarrollo económico.

 

Es usual que el planteamiento de políticas públicas de avance hacia un desarrollo humano sostenible incorpore la consideración de que crecimiento económico y capacidad de redistribución son estrategias de desarrollo mutuamente excluyentes. Esta conceptualización subyace a una cantidad importante de nuestros problemas de planificación y acción. Debe reconocerse que el apoyo a la iniciativa privada y la sostenibilidad se complementan. Facilitar y apoyar las empresas promueve la democracia porque altera el orden social: acaba con las jerarquías políticas y sociales que suprimen la competencia, favoreciendo así el surgimiento de una meritocracia que fortalece la sociedad democrática.

 

Debemos repensar la relación entre crecimiento económico y redistribución, y rechazar la dicotomía entre ambos términos. Necesitamos internalizar la idea de que si es necesaria la solidaridad para solventar el rezago social de muchos ciudadanos de nuestra región, esa solidaridad tiene un costo económico significativo que sólo puede ser cubierto por una mayor eficiencia económica y un mayor crecimiento. La consolidación de un modelo integrado de desarrollo que concilie el progreso social con el crecimiento económico competitivo es un rumbo sostenido que debe concretarse.

 

La interiorización del criterio de que una buena política económica es una buena política social es un elemento fundamental de este modelo integrado. El cambio paulatino desde cadenas productivas en materias primas y recursos naturales hacia cadenas productivas conocimiento-intensivas significa el avance hacia un país no sólo desarrollado económicamente, sino también socialmente. Esto, porque las sociedades que basan su economía en el conocimiento requieren de un alto nivel educativo, lo cual está asociado a una mejor distribución de los ingresos y a sociedades más justas y democráticas.

 

La educación es un mecanismo crucial de aceleración del crecimiento económico y reducción de la desigualdad socio-económica. El bajo nivel de la educación latinoamericana es asombroso y causa, entre otros efectos, una productividad promedio de alrededor del 35% de productividad de los países industrializados. La fuerza laboral latinoamericana ha recibido, en promedio, cinco años de educación. Esto explica la escasa difusión de la experticia tecnológica y de gestión, y consecuentemente, la baja competitividad. Es pertinente enfatizar que estas diferencias en nivel educativo están asociadas a un 25% de la distribución del ingreso.

 

La región presenta bajos niveles de inversión en I+D y de participación en ella del sector privado, lo cual es reflejo de la baja prioridad que en general se da a la ciencia y la tecnología en Latinoamérica. La inversión en I+D de manera selectiva es esencial para la sostenibilidad del crecimiento en el largo plazo, no sólo para la generación de nuevos conocimientos, sino para la transferencia y adaptación eficientes de nuevas tecnologías desarrolladas en otros lugares.

 

La falta de conocimientos y baja agregación de valor de la producción derivada de la insuficiente inversión en I+D ha impactado negativamente los esquemas de producción de Latinoamérica, afectando seriamente su potencial de desarrollo económico. La región no creció todo lo que hubiera podido a través de sus recursos naturales, en parte por los conocidos inconvenientes de la industrialización mediante la sustitución de importaciones, pero fundamentalmente por la falta de conocimientos y de capacidad innovadora. América Latina aplicó una fórmula consistente en una insuficiente inversión en destrezas e investigación y desarrollo, y una dependencia pasiva de la inversión extranjera directa y la transferencia de tecnología. Dado que en la actualidad persiste un modelo de exportaciones basado en recursos naturales, es de la mayor pertinencia considerar qué estrategias permitirían incrementar la productividad de los factores en el marco de este modelo. La capacidad de innovación, tanto para aprovechar las ventajas comparativas existentes como para descubrir otras nuevas, es una condición necesaria para lograrlo. También hay grandes posibilidades de incrementar la productividad total de los factores a partir de fuentes distintas de I+D; por ejemplo, de la introducción de innovaciones en el campo organizativo y la gestión.

 

La cantidad reducida de investigadores en América Latina, así como su concentración masiva en las universidades públicas, constituyen un grave problema estructural. Al concentrar las universidades públicas los programas de investigación y de formación de doctores, concentran la capacidad de generación de conocimiento y de cooperación con empresas con fines de innovación. Esto confirma para la región la necesidad de un fuerte y eficaz vínculo sinérgico entre el sector industrial y los centros de investigación y desarrollo.

 

Pero la vinculación entre las empresas y las universidades en la región es débil. Hasta fecha reciente, las universidades latinoamericanas han hecho manifiesta una tradición de confrontación hacia los poderes públicos, y desconfianza y antagonismo hacia los intereses privados. Ha habido avances en la cooperación entre ambos sectores, pero también restricciones a su expansión y generalización. En el marco de sistemas de innovación frágiles, y de políticas públicas que van de la fragmentación a la contradicción en lo relativo a temáticas sobre ciencia, tecnología e innovación, los avances institucionales y las transformaciones que buscan relaciones dinámicas y autocatalíticas con empresas no han sido suficientes. Es así que, siendo escasa la capacidad regional en ciencia y tecnología, los recursos existentes son sub-aprovechados en todo su potencial en las estrategias de desarrollo de nuestros países.

 

Es necesario avanzar en el análisis crítico propositivo de ciertos criterios y conceptos básicos que deben ser revisados -y eventualmente replanteados- para fortalecernos como sociedades con claridad de sus objetivos de desarrollo y con la capacidad de diseñar y ejecutar sus propias estrategias de logro.

 

 

Publicado el 20 de septiembre de 2010